lunes, 18 de junio de 2012

Reflexión: Espiritualidad y Sexualidad


El libro de Cantar de los Cantares comprende un conjunto poco extenso de poemas de amor  donde un varón y una mujer se cantan mutuamente su amor.
Sorprendentemente   fue  uno de los libros más leídos y comentados de todo el canon cristiano durante  la antigüedad.  La interpretación tradicional suponía que Cantares describía el amor de Dios por su pueblo, o de Jesús por su iglesia. Pero algunos biblistas del siglo XIX comenzaron a comprenderlo de otro modo: el Cantar de los Cantares no era sobre el amor de Dios con su gente sino el amor entre un hombre y una mujer (que incluso eran solteros y de etnias diferentes).
 A partir de esa interpretación, cristianos y judíos influenciados por sus propios prejuicios sexuales comenzaron a alejarse de este importante libro que  ahora dejaba de ser     “espiritual” para convertirse en  “sexual” ya que      sexualidad y  espiritualidad se verían como dos  opuestos puesto que  desde los  comienzos del cristianismo el sexo fue visto como una fuerza peligrosa, caótica y antiespiritual.  Sabemos que  los primeros cristianos fueron muy influenciados por elementos antisexuales presentes en ciertas corrientes filosóficas griegas de la época al punto que la iglesia a lo largo de la historia fue dominada por una gran hostilidad hacia todo lo sexual  aún dentro del sexo marital.
Lo cierto es que muchas personas encuentran una profunda dicotomía entre la sexualidad y la espiritualidad, una separación que les impide vivir ambas cosas en plenitud.
Para superar estos conflictos algunas personas han intentado repensar la teología cristiana en una dirección afirmativa de la sexualidad y de lo erótico en un sentido amplio que puede incluir  una miríada de aspectos en los que la gente vive o experimenta sus mas profundos deseos y anhelos y que no incluye sólo al sexo sino otras expresiones de inmensa riqueza,  tan diversas como el arte, la música, la amistad, la pasión por un deporte, o todo aquello que nos moviliza con toda fuerza y energía. La  pasión en un sentido positivo que trasciende lo sexual pero que también lo  incluye.
Si nos disponemos a profundizar en esta dirección podremos descubrir que la sexualidad y la espiritualidad no son opuestas sino dos caras de una misma moneda. Es interesante realizar el ejercicio  de   pensar  que palabras  vienen a nuestra  mente cuando pensamos en la espiritualidad; podríamos citar  por ejemplo:  plenitud, reverencia, comunión, entrega, conexión, serenidad, amor, relación, dejarse llevar, compartir, etc.

Todas estas ideas  igualmente se aplican  a la sexualidad

En efecto, la sexualidad y la espiritualidad están íntimamente entrelazadas, y cuando se afecta una ocurre lo mismo con la otra. Existe una fuerte conexión entre  nuestro transitar hacia el conocimiento de Dios y el transitar por el cual aceptamos nuestra realidad sexual. Tanto la espiritualidad como la  sexualidad requieren que les demos  un espacio dentro de nuestro ser  para que se desarrollen  saludablemente.  Ninguna de ellas podrá prosperar  sanamente si vivimos apurados por la vorágine de los asuntos y los problemas cotidianos. Ambas requieren que estemos dispuestos a ser afectados por alguien exterior a nosotros:  nuestro amante  y  Dios.

Volviendo al Cantar de los Cantares (y a algunos otros textos que  podemos descubrir) es bueno que nos permitamos reflexionar sobre  la posibilidad de cultivar una pasión humana menos dividida  por categorías (como espiritualidad y sexualidad)    que nos permita vivir  más plenamente sin sentirnos reprimidos por el amor erótico que encontramos en esos textos y  que  además forma parte de nuestra naturaleza humana puesta  por Dios.

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